Toffy: ”El perro que vivió”
La batalla contra el distemper
Narrado por su cuidador: Adrian Bayron OM.
Toffy, a quien puedes ver en las fotos de arriba, nació un 08 de setiembre de 2016 en una ciudad del sur del Perú, provino de una camada de 5 cachorros, de madre Schnauzer y padre desconocido, lo adopté cuando tenia pocos meses de vida. Llegó con su inconfundible marca de nacimiento, un corazon de color blanco dibujado en su pecho por su propio pelaje. Toffy es el de la derecha:
Cuando él contaba ya con 10 meses de vida, una tarde de domingo de junio de 2017 salimos a pasear a unos pocos kilómetros de casa, a un paisaje campestre que solíamos frecuentar, pero algo andaba mal, sus ánimos no eran los de siempre, en esa salida fue que empecé a notar los primeros síntomas de lo que resultó ser el distemper o moquillo canino, una terrible enfermedad absolutamente desconocida para mí en ese entonces. En la imagen a continuación podrás apreciar su semblante, se ve apagado, a pesar de que lo pasabamos muy bien paseando, en esta oportunidad él no se encontraba rebosante, caminaba y corría pero se veía débil. Estaba padeciendo y los síntomas empezarían a manifestarse más evidentes y preocupantes luego. Era domingo por la tarde, ninguna veterinaria estaría atendiendo.
Al día siguiente, lunes, antes de irme al trabajo acudí temprano a la veterinaria más cercana a mi casa, quedaba a una cuadra, era una veterinaria pequeña y de aspecto austero, de un solo trabajador (el veterinario), con algunos pocos alimentos para mascotas a la venta. La indicación que me dio fue no medicar nada y esperar a que el perrito se cure solo, porque según él, medicar a los humanos y perros por todo es una mala costumbre de la sociedad actual. No objeté pero no me quedé satisfecho con el servicio.
Me fui a otra veterinaria que quedaba a unas cuadras de casa. Me atendió una médico veterinaria muy amable y empática, hizo las mediciones de Toffy en cuanto a temperatura corporal, auscultación con estetoscopio y evaluación de síntomas. Su conclusión fue que lo que aquejaba a Toffy era una gripe o influenza canina y me recetó un expectorante para la tos y un suplemento nutricional. Compramos la receta, nos volvimos a casa, me fuí a trabajar, mi madre se quedaba en casa y ella me avisaría si surgía alguna emergencia. De todas formas, lo que me había dicho la doctora ya me había dado tranquilidad, respiré aliviado pensando en que pronto mi perro estaría libre de esa influenza, pero obviamente las cosas no mejoraron.
Resulta que casi una semana después los sintomas no habian hecho otra cosa que empeorar, Toffy tenía tos, secreción espesa de moco por su naricita, resequedad en su nariz y las patitas, decaimiento y lo peor en ese momento fue que sus ojitos empezaron a cerrarse, estaban llenos de lagañas y estaba todo chinito. Volvimos a la veterinaria, nuevamente evaluación, sin exámenes de laboratorio, al parecer esa veterinaria no disponía de equipamiento y yo no tenía idea de qué debía hacerse y qué no. Entonces me recomendó que siga suministrando la misma medicación para la influenza, pero para el tema de los ojitos me recomendó visitar a un especialista en oftalmología canina. Me dió los datos del especialista y agendé la cita.
El medicamento para la influenza que me había recetado la doctora ayudaba en remediar un solo síntoma pero no atacaba para nada el problema medular, que para entonces aún seguía sin ser diagnosticado, seguíamos creyendo que era solo una gripe canina y eso me lleva a la reflexión de que aunque el médico veterinario sea muy amable y muestre amor por los animales, eso no debería generar inmediata confianza en nosotros para determinar su idoneidad en el servicio. Los médicos veterinarios se ven enfrentados a conocer y curar a casi todo tipo de animales menores (caballos, perros, gatos, loros, roedores, etc) y pueden carecer de ciertos conocimientos específicos ya que las ramas son muy abundantes. Solamente nos queda fiarnos de los expertos en cada rama, e incluso con ellos, tenemos la obligación de informarnos de ciertos fundamentos de lo que vamos a abordar, por ejemplo cuando llevas tu auto al mecánico y te dice que hay un problema con la caja de cambios y que necesita que le compren 4 nuevas transmisiones para resolver el problema. Sí, esto es absurdo si conoces por lo menos un poco de lo que hay debajo del capot de tu auto, ya que un auto normal solamente trae una transmisión, pero si estás en nada en el tema, podrías creerle a ciegas y ser estafado.
Según un estudio al 2024 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Revista Médica Británica los diagnósticos médicos equivocados son la tercera causa de muerte humana en EEUU. Si en humanos esa es la estadística imaginate en medicina veterinaria, que no está bajo el mismo escrutinio estricto que la medicina humana y cuyas estadísticas por ende son desconocidas.
En cuanto a enfermedades con pronóstico grave te recomiendo siempre investigar la información básica por tu cuenta, en curedistemper.com tendrás acceso a conocimiento amplio y también conocimiento básico pero crucial para que sepas en qué consiste la enfermedad y cómo atacarla de forma más efectiva para que tu perrito gane la pelea y sobreviva.
Volviendo a Toffy, acudimos al oftalmólogo de perros una mañana, aquí abajo puedes ver la foto de ese día, su estado era penoso, la preocupación gobernaba mis pensamientos. Había un paciente siendo atendido antes y luego seguíamos nosotros, llegué a escuchar que a ese paciente que era un boxer, le quedaba poco tiempo y que el cancer estaba demasiado grave. Fue entristecedor escuchar eso, porque uno que quiere a los perros siente el dolor cuando hay sufrimiento en otros perros.
Llegó nuestro turno, pasamos con el oftalmólogo y la evaluación fue bastante detallada, instrumentos oculares y preguntas y respuestas. La conclusión del veterinario fue querato conjuntivitis seca y el gran momento de la verdad: me indicó que descarte distemper ya que el grupo de sintomas que presentaba mi pequeño coincidían con esa enfermedad. Me recetó medicación para los ojos, la compramos y nos fuimos a donde la primera doctora, más preocupados que antes.
La doctora le hizo la prueba rápida de distemper, que es como un test de embarazo. Normalmente hay que esperar entre 5 a 10 minutos para conocer el resultado. En mi caso esperamos muy pocos minutos y vimos el test. Respiré paz y alivio cuando vimos que salió negativo, no se habían marcado las dos líneas que equivaldrían a resultado positivo para distemper. De vuelta a casa y seguir con la medicación, las cosas tendrían que ir mejorando. ¿Verdad?
Sobra decir que no mejoró nada, guardé la prueba, decidí consultar a otro veterinario cerca a mi casa. A este nuevo veterinario le comenté de los síntomas y le dí la prueba para que él mismo compruebe con sus ojos que ya hasta habíamos descartado distemper. Y aquí es donde llegó el momento de la gran verdad: La prueba marcaba dos líneas.
Al parecer con la otra doctora no habíamos esperado el tiempo adecuado para que la prueba se completara y cantamos victoria antes de tiempo. Ahora teníamos un diagnóstico, doloroso, pero al menos ya sabíamos qué era todo esto, y ya habían pasado muchos días desde que todo empezó. Ahora comenzamos otra rutina de medicación dictada por el nuevo vet, me advirtió que la enfermedad tiene alta probabilidad de matar al perro ya que no habia una cura fija o establecida, así que solo quedaba atender los síntomas y ver cómo respondía el sistema inmune del perro.
Días después de conocer el diagnóstico los sintomas empeoraban, además de los que ya mencioné, se agregó la diarrea y la falta de apetito, me innundé de depresión y llanto frecuente, amaba y sigo amando a este perrito muchísimo y no quería que padeciera sufrimiento y muerte por esta enfermedad. Aquí abajo una foto de aquellos días:
Hoy en día, yo con 34 años años encima al momento de escribir estas líneas (siendo marzo de 2026) he aprendido que la muerte es parte de la vida. Morir es el destino que todos en este mundo compartimos. Nada nos pertenece y no debemos juzgar la muerte de alguien como injusticia o crueldad de la vida o de algún Dios o ente superior, las cosas pasan y ya. Pero eso no quiere decir que vayamos a rendirnos sin luchar, mantenernos vivos, felices y sanos, nosotros y nuestros perros. Es parte de disfrutar nuestra estancia en este mundo, mientras estemos aquí.
Un familiar me sugirió que le permita conocer el mar a Toffy, por si es que no lograba sobrevivir, al menos que viera algo majestuoso antes de irse. Me pareció una bonita idea. En ese entonces no tenía auto propio así que nos fuimos a la playa mas cercana, a 3 horas de distancia de mi ciudad. No era temporada de verano y tampoco hacía frío insoportable así que al llegar al destino empezamos nuestra caminata, él decaído pero curioso. Estuvimos ahí un buen rato. Cuando una ola le alcanzó a mojar las patas me asusté porque no quería empeorar el cuadro. Afortunadamente fue poca agua. Por la noche Toffy empezó a temblar mucho y buscaba el piso frío para echarse, no quería calor, estaba con mucha fiebre, esto se repitió varias noches más.
Creo que llevar al mar a un animal convaleciente puede ser mala idea y solo deberías hacerlo con aprobación del veterinario, pero si lo haces, puede que las energías del oceano te sirvan de paliativo y les den ánimos a tu perrito y a tí. Solo considera que tanto el viaje como el destino no estresen a tu perrito ya que eso es perjudicial, prevee el clima, la cantidad de gente, la distancia, etc. En estos momentos lo que más necesita es comodidad y entorno favorable. Aquí tienes una imagen de él paseando por la orilla del mar:
Al día siguiente volvimos a nuestra ciudad, nos esperaba un nuevo síntoma, lo más temido del distemper, la fase neurológica. A pesar de tener el peso del mundo sobre mí, nunca bajé los brazos, por eso quise ampliar el horizonte de opciones y opiniones así que llevé a mi nene a otra veterinaria más lejana, donde me dijeron lo mismo que en el anterior doctor. No estuvo de más, ya que confronté con más de una fuente la información. En total habíamos ido a 5 veterinarios. Gran decisión, es algo que te recomiendo hacer siempre, en salud humana y veterinaria y en general, triangular las opiniones de al menos tres expertos, es un consejo que el mismo Ray Dalio comenta en su libro “Principios”. Buen libro y recomendado, por cierto. Volvimos al anterior veterinario, porque quedaba más cerca.
Empecé a investigar papers, estudios, investigaciones, páginas web, blogs, videos, foros y todo recurso que estuviera publicado en internet respecto al distemper. Ocho años después sigue siendo una enfermedad aún en investigación y sin una cura fija con efectividad 100%, pero gracias al arduo trabajo y asociarme con mi veterinario se fraguó un tratamiento que aplicamos en aquel entonces sobre mi perrito y que hemos actualizado a los tiempos actuales para que sea útil y altamente efectivo. Puedes comprar el acceso a todos los recursos aquí en curedistemper.com
Coordiné todo el tratamiento para Toffy, íbamos varios días a la semana a la veterinaria a que le suministren tratamiento y evalúen el progreso.
Lo más grave era la falta de apetito, esto es algo sumamente crucial, porque como dice la frase “enfermo que come no muere”, lo que menos quería era que mi nene siguiera sufriendo así que fue el síntoma en el que nos enfocamos con mayor urgencia. Llegados a este punto quiero aclarar que si bien era evidente que mi perrito estaba muy mal, aún me transmitía su deseo de seguir en la lucha. Yo estoy a favor de la eutanasia cuando la situación de un perrito es insostenible y lo más amoroso y compasivo es permitir descansar al perrito. De hecho existen métodos ya estudiados mediante los cuales puedes determinar con mayor precisión si en tu caso es tiempo de dejar ir a tu perrito o perrita, dentro del sitio tambien tienes acceso a eso.
Conforme el tratamiento hacía su efecto, los días pasaban, los ojitos empezaron a ponerse buenos, luego las diarreas fueron menos frecuentes, los síntomas neurológicos desaparecieron y solo se quedó con las patitas y la nariz resecas, eso demoró bastante más tiempo en recuperarse, pero es algo menor y con el tratamiento va mejorando. Aquí una doble foto reciente de él, con su inconfundible corazón blanco en el pecho:
A lo largo de ese viaje de 8 semanas sufrimos, Toffy más que yo, fue un calvario de síntomas que el cuerpito y mente de mi nene tuvieron que soportar, yo rogaba para que el tiempo pase rápido porque aquí la clave es que el perro pueda soportar el tiempo que azota la enfermedad, que suelen ser máximo ocho semanas, pero al final el éxito apareció, Toffy sobrevivió. Al momento de escribir esta historia, él está vivito y coleando, ha vivido muchas experiencias y ya es todo un señoron mayor. Si tu perro está pasando por el distemper, haz todo lo que puedas para salvarlo, aún si no compras este contenido, investiga, llévalo a diferentes veterinarios, no seas pesimista, tu perro cuenta contigo, él no puede investigar por su cuenta ni pagarse el veterinario, lo único que podrá hacer contra el distemper es poner su sistema inmune a luchar, con todas sus fuerzas, es tu deber como su cuidador equiparlo con tratamiento adecuado y potenciar sus herramientas para que salga vivo de esta. Actúa ya, el tiempo es lo más crítico.
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